
Ni a ti ni a mi nos apetece estar sentados a esta mesa. Obligaciones de trabajo. Aburridas caras y conversaciones aburridas sobre cosas caras. En una tregua que te ofrecen las respuestas obligadas, rozas mi pierna y recuerdas como me vestías horas antes. Por fuera sabes que me visto para otros. Pero por dentro me visto para ti.
"Me gusta la lenceria que llevas siempre ", me dices en voz baja.
Te sonrio, entre sonrojada y pícara. Al cabo de un momento, te vuelvo a mirar, pero ya no
estoy sonrojada. Me levanto y te digo que voy a retocame un poco. Te quedas como los de Custer rodeado por los indios.
Suena tu móvil. Un mensaje. Te extraña, el mensaje es mio. Y el mensaje es de una sóla palabra: ven.
Y no puedes dejarme sin respuesta, asi que te levantas , porque este tipo de mensajes a ti te gusta responderlos en persona. Los baños están un poco retirados de la mesa que ocupamos. Bajas las escaleras y te dirijes al baño de señoras. Sabes que está vacio, me buscas. Hay una puerta entreabierta, al final.Estas excitado, y eso es porque me conoces. Cuando entras , no hablo, sólo sonrio y dirijo mis manos a tu pantalón, desabrochándolo. Cierras la puerta tras de ti, y yo cierro mis manos en torno a tu sexo.

Acaricias mi pelo , al que llegas a duras penas. Me acerco y mi lengua te roza.
Tenemos prisa, te beso urgente.
Tienes que hacer esfuerzos por no hacer ruido, pero la verdad es que podríamos estar en medio de un estadio y te daría lo mismo porque eres absolutamente esclavo de los movimientos que mis labios realizan en la piel de tu sexo.
Tardo un poco en conseguir que tiembles , que tengas que apoyarte para volver a la realidad de un baño de señoras y mis ojos sonriendo apoyados en los tuyos.
Al salir apresurados, como en una mala película de comandos, ha dejado de importarnos el aburrimiento de la cena, porque ambos sabemos perfectamente cual va a ser
tu postre.

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